Qué es
Las preguntas mínimas que alguien contesta antes de poder reservar hueco en tu calendario: rol, capacidad de inversión y compromiso. Con el criterio escrito de quién pasa y quién no.
Por qué importa
Una demo con alguien que no decide, no puede pagar o no tiene urgencia consume el mismo tiempo que una buena y produce cero. Peor: ensucia todos tus ratios, porque una tasa de cierre baja con la agenda llena de gente no cualificada te lleva a arreglar la demo cuando el problema estaba antes.
La resistencia a poner filtros es siempre la misma: miedo a perder gente. Y la respuesta es que sí, se pierde gente, y son exactamente los que ibas a perder de todas formas, con la diferencia de que ahora los pierdes antes de gastar una hora.
Lo que hace difícil este sistema no es decidir qué preguntar, es el equilibrio entre filtrar y no espantar. Cada pregunta cuesta conversión. Por eso son las mínimas que de verdad cambian la decisión de darle hueco o no, y no un formulario que parece una solicitud de hipoteca.
Hay una forma concreta de preguntar por el dinero que funciona mejor que las demás: dar el rango antes de preguntar. Decir de qué cifras se habla y preguntar si eso encaja o echa para atrás. Es más honesto, filtra igual, y no obliga a nadie a confesar su presupuesto a un desconocido.

¿La tienes o no?
Sí o no. Si tienes que pensarlo, es no.
- ¿Puede cualquiera reservar hueco en tu calendario ahora mismo?
- ¿Sabes, antes de sentarte, si esa persona decide sola?
- ¿Aparece tu rango de precio en algún sitio antes de la llamada?
- ¿Qué porcentaje de tus demos son con gente que no era tu cliente?
- ¿Está escrito el criterio de descarte, o se decide caso a caso?
Cómo se hace, paso a paso
Escribe primero a quién sí quieres. Sale de tu perfil de cliente ideal. Las preguntas se derivan de eso; al revés se acaba preguntando lo que se le ocurre a uno.
Elige las mínimas que cambian la decisión. Rol en la decisión, situación que justifica la conversación, y encaje de inversión. Tres o cuatro campos, no ocho.
Da el rango antes de preguntar por el dinero. Una línea con las cifras y una pregunta de si eso encaja. Más honesto y menos incómodo que pedir presupuesto.
Escribe el criterio de paso. Qué combinación de respuestas da hueco automático, cuál lo deniega y cuál necesita que alguien mire. Binario donde se pueda.
Decide qué pasa con el que no pasa. No se le deja tirado: se le manda a algo útil. Un descarte bien hecho deja la puerta abierta y protege la marca.
Mide el efecto en las dos direcciones. Cuántos menos agendan y cuántos más cierran. Si el segundo número no sube, los filtros están mal elegidos, no de más.
Ajusta cada mes al principio. El primer juego de preguntas casi nunca es el bueno, y solo se ve con demos hechas.
Errores frecuentes
- Calendario abierto a cualquiera. Es cómodo y sale caro en horas.
- Formulario largo. Cada campo resta conversión, y los que se caen no son solo los malos.
- Preguntar el presupuesto sin dar el rango. Incomoda y obtiene respuestas evasivas que no filtran nada.
- No definir qué pasa con el descartado. Se va con mala sensación y no vuelve nunca.
- Medir solo cuánto baja el número de demos. Ese número tiene que bajar. Lo que hay que mirar es si el de cierres sube.
Un caso
Lo que más cambia el resultado de este sistema no es la pregunta del dinero: es la del rol. Saber antes de sentarse si la persona decide sola o tiene socio evita la demo perfecta que termina en «se lo comento y te digo», que es la forma más educada de un no que llega tres semanas después.
Y cuando la respuesta es que hay alguien más, no descarta: cambia la petición. Se pide que esa persona esté en la llamada, y esa sola frase resuelve la objeción antes de que exista.
Se apoya en FU-07 · Perfil de cliente ideal, de donde salen los criterios, y se monta encima de CO-17 · Página de reserva y calendario.
Su criterio es el primero de los de CO-03 · Etapas del pipeline, y desactiva por adelantado la objeción de decisor ausente que trabaja VE-12.